Capitulo 2 de Tango Bis por Juan Carlos Downes.
II
Tanguito tenía unos veintidós años de edad y era muy flaco. Se notaba su preocupación en parecer aún más delgado por la vestimenta que usaba. Llevaba puesto una camisa y un pantalón negros que pretendían alargar más su estatura de un metro ochenta.
En su cara, resaltaban los pómulos y el mentón ligeramente marcados. Era morocho y el pelo largo y revuelto le diferenciaban del común de la gente.
Tanguito, quien era excesivamente bromista, había sido el cantante de Los Dukes, una de las últimas bandas que integró.
Sentado en un sillón en La Cueva, le contaba a Javier Martínez las aventuras que había protagonizado con esa agrupación hacía unos meses en la Patagonía.
Muerto de risa, recordaba una presentación en un teatro del sur del país que le obligó a retornar a Buenos Aires antes de tiempo.
Sus excentricidades no pegaron bien en el público formal de la provincia de Río Negro que reaccionó desconfiando con un abucheo.
En la Capital Federal sobre la avenida Pueyrredon, casi en la esquina de Juncal, estaba el viejo local de jazz que ahora habían copado los rockeros.
La Cueva estaba unos tres escalones debajo del nivel de la acera. En realidad, era como un estrecho pasillo de un edificio antiguo de donde salía un fuerte olor a humedad. En el lugar bailaban y saltaban infinidad de extraños personajes.
Había un cuarteto estable integrado por Fernando Bermudez, en la batería; Adalberto Cevasco, en el bajo; Ricardo Lew, en la primera guitarra y Tony el OVNI, según el mote elegido por el baterista para definir a su compañero, en la guitarra rítmica y la voz.
Desde las 22 a las 4 de la mañana pasaban por el lugar Javier Martínez, Moris, Pajarito Zaguri, LItto Nebbia, Oscar Moro, Billy Bond, Nacho Smilari, Los Shakers y el negro Rada, entre otros. Los habitúes eran
básicamente los artistas que comenzaban a componer en castellano el viejo rock and roll, aunque algunas bandas como la de los uruguayos Shakers que compartían el espíritu innovador de La Cueva cantaban en inglés.
Inesperadamente, Tanguito dejó hablando solo a Javier y de la misma manera reapareció sobre el escenario, pero con una malla de baile negra. Se había colocado en la cabeza una también negra media de mujer. En una mano traía un balde al que le había hecho dos agujeros. Se lo puso en la cabeza y, tras la sorpresa y risa de los rockeros, logró un cerrado silencio que permitió escuchar la seria voz de Tanguito.
- Soy el hombre de la máscara de hierro.
El público estalló nuevamente en una risa casi interminable que sólo alcanzó el fin diez minutos después cuando Tanguito cantó La historia de Billy el náufrago.
Esta es
la historia
de un muchacho que no tuvo hogar.
Vaga por el mundo triste,
soñando encontrar
alguien que le de su amor
que lo quiera amar,
será porque esta vez
quiere olvidar.
En el segundo tema, Perro Feroz, se sacó de la cabeza el balde y la media.
A la versión de Elvis Presley le hacía subir cada vez más un tono. Al rato subía medio tono más hasta que la voz se había convertido en un hilo. Ante la sorpresa de todos y cuando la voz ya ni se escuchaba, se subió a la silla.
Desde lo alto, y ahora con el rostro inmóvil, alzó una mano lentamente como subiendo un tono más.
Fuente: http://www.facebook.com/pages/Tanguito/39736003860?ref=search#!/note.php?note_id=428649279362&id=39736003860&ref=mf
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