martes, 26 de noviembre de 2013

y ahora

Vos sos la bici de la que no me bajaría nunca, sos el camino distinto, sos el sol  viento en la cara, la tierra volando, sos libertad. Todo ese vértigo junto, mi dosis diaria de adrenalina, sos el silencio y la noche, sos el día y su belleza. No tengo miedo de caerme, no tengo miedo a pinchar, ni a romperme la cara, porque sé que si pasa algo, los dos lo vamos a arreglar. Iría hasta el fin del mundo, sólo para ver tu sonrisa brillar bajo una noche estrellada y con la luna bien alta...

dejame subierme al pedal, para nunca más bajar.

lunes, 25 de noviembre de 2013

*está escribiendo...

"Dicen que escribimos en los peores momentos, así que capaz estás muy bien"  me dijeron, y eso me sacó una sonrisa pícara.
Y la verdad es que te amo, no necesito entonces plasmar mis penas en cuatro por cuatro o en cosas de aquí y allí. Pero no es eso en realidad, lo que me hacer sentirme pleno e imparable, inmortal es la sensación de andar con el viento a favor, sentirme indispensable, seguro y sobretodo, amado.
Me basta sólo con quedarme dormido en tu cintura escuchando algún disco perdido en una tarde eterna de verano en la quietud de la siesta, en una casa antigua de Paternal.

Dale, salgamos. Siento que estoy extasiado de felicidad

sábado, 16 de noviembre de 2013

Gino y Fausto

Dicen de esto los que saben, que él nunca se detenía. Era como un caminante incansable, pero en bici. Era insaciable, gigante arriba de los pedales. Dicen que todo empezó de muy joven, que su padre le regaló su primera biciclette. Y que creció entre guerras y hambrunas, encontraba su exilio en el deporte. Era una fiera, en la lluvia aceleraba, y el barro en la cara era una de las cosas que más disfrutaba. Dicen que llegó a la gloria cuando ganó el tour, dicen que sólo lo ganó a pedido de una desgarradora carta, también dicen que no se le movió un pelo cuando lo visitó Benito con el mismo pedido. 
Y como todo héroe ese jinete de las colinas italianas tenía su antihéroe. si Gino era de gran contextura, imponente, Fausto era flaquito y ágil. Si Gino era humilde y escapaba a la gloria en busca de su propia salvación, Fausto era todo lo contrario. A Fausto no le gustaba la lluvia, y las cosas se ponían buenas para Gino cuando llovía y tomaba las curvas sin aflojar, siempre al límite. Gino se cubría del sol con la mano y Fausto con sus anteojos negros. Gino ya se estaba poniendo viejo y Fausto estaba en el cenit entre la juventud y la vejez. Enemigos a muerte declarados, dicen que una vez en los extenuantes veranos italianos, durante una etapa agotadora del giro pedalearon a la par y compartieron la última botella de agua. Esos son nuestros héroes, cargaban la vida en la espalda cuando salían por las rutas a entrenar, pero eran otros tiempos, no importaba tanto la bici ni los componentes, la pelea siempre fue y será interna, por más mejora tecnológica que haya. La lucha con uno mismo, la pelea mental, cuando los músculos no responden, cuando no queda más energía la cabeza empieza a jugar su final. No son bicis ni metales o carbono, no son piernas, no son músculos ni drogas, no es comida, no es nada de eso lo que ganan tours y giros, es la mente, y siempre será nuestro mayor enemigo.