Cuándo algo me sale mal.
Siempre trato de escapar.
Cuándo sé que perderé,
cuándo ya no tengo nada.
Me encierro en mis cinco paredes,
con la púa entre los dientes,
y una guitarra en mi pierna.
Con las viejas bien al palo
me olvido de todo por quince temas.
Sobre las cuerdas mojadas,
pasa mi mano segura.
Y mi voz llena de mocos,
casi ni puede cantar.
Solo es lo que dura en disco.
Y entre medio de este llanto,
entre la almohada y un perro,
una vieja agenda escrita
me mira diciéndome: "¿Qué esperás?,
dale vení y llename de tu sangre sincera,
de tus palabras vacias y tus acordes sencillos"
Y la remera seca mi cara.
Y agarro una lapicera,
y la empiezo a llenar,
de mi sangre sincera,
de mis palabras cobardes,
de mis acordes sencillos.
"Vení llename de tus recuerdos".
(Tanguito)
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