Billy piensa, canta, se imagina otro lugar.
Lo esquivan laburantes de ropa sucia y gastada,
también ese que va de traje, afeitado y bien peinado.
Sus miradas son indiferentes, ante la mente de Billy.
Y Billy todo lo mira, aguantando la ganas de llorar,
se aguanta las ganas de gritar, ganas de ya no volver más.
Da dos paso hacia atrás, el tren le revuelve los pelos,
se sube tímidamente, con mirada perdida
soñando que algún día, algo le salga bien.
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