Te miraba la otra noche oscura y fría, por el reflejo del vidrio de las puertas que cada tanto se abrían, porque quise verte de frente pero tu belleza encandilaba. Y así puede mirarte un poco, me imaginaba tu voz, soñaba con rozar tu piel, alucinaba ver esos pelos volar. El tiempo parecía no correr. No, mentira, el tiempo corría muy rápido, demasiado rápido. Las estaciones parecían que estaban cada diez metros, las canciones duraban tres segundos. Creo que te diste cuenta que te miraba, pero justo me bajé. Te vi irte para siempre, te veía desde el andén, vos creías que seguía adentro, pero no.
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