-No voy a saber ni cómo empezar...
-Como todos los vuelos, vos despegás, después el viento te lleva.
Cuando ya no puedo más, y se me acaban las piernas, saco fuerzas de no se dónde, y pedaleo como nunca, muy muy rápido unos metros. Después me dejo llevar, después que el viento me lleve. Así mas o menos es mi vida, pequeños empujoncitos, pero al final siempre vuelvo al pedalear. A veces, bueno, ponen piedras en el camino, me cortan la cadena, me pinchan las ruedas, pero aún así no pueden pararme. Porque soy de esos que van corriendo con la bici en las manos, con las gomas bajas, porque siempre, siempre hay lugar para poner un parche más. Igual, lo ideal es no pinchar, pero se hace lo que se puede.
Ahora hablemos de ir rápido. Es cansador, pero satisfactorio, repleto de adrenalina, efímero pero intenso. Las caídas duelen mucho, mas estás tan loco que no sentís nada y te volvés a subir. Y te volvés a caer, y quizás te caigas de nuevo alguna vez más... Pero bueno, después de un tiempo aprendés a andar un poco más lento, a disfrutar más del viaje, sin pensar en el destino, esquivando los pozos del camino.
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