-Pero no, no quiero, no tiene nada que ver... voy a cantar esta..
El problema es que no puedo cantar, el problema es que no sé como empezar. Si, algo canto, pero cada vez que empiezo termino mal. Algunos me enseñaron a cantar con el himno de mi corazón, algunos me dijeron que no era necesario, que eso era lo de menos, que sólo con soñarlo fuerte y sentirlo, todo podría suceder. Algunos vieron rotos sus sueños más de una vez, y entonces vagaron en trenes sin saber a donde ir, empezaron viajes sin final, otros caminaron por corrientes hasta que que el obelisco sea sólo un recuerdo, otros, no sé, quizás agarraron una bicicleta y pedalearon sin destino, varias horas. Y cuando el viento les congeló los dedos, empezaron a calentar sus gargantas y a acelerar la marcha. Dicen que bajaron por una pendiente en una avenida grande, también dicen que mientras intentaban juntar algunas palabras con algo de sentido y armonía, los ojos les lloraban, y seguían bajando, con las manos extendidas al cielo, bien fuera del manubrio. Y que cuando llegaron al final, cuando la calle se hizo empedrada, ya habían olvidado esa canción perfecta, esa rima simple y fuerte, que de un momento adrenalínico hizo erupción por sus bocas.
Soñadores de canciones, ya me olvidé que decía.
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