No hay subida, ni viento en contra, ni el frío, ni calor agobiante. No hay caminos difíciles, lo que faltan son hábiles ciclistas. Lo que faltan son piernas. Hay una esperanza también. La de saber que va a llegar la bajada. Y si no, cuando se ponga muy duro el camino tendrás que pedalear a fondo, hasta que las piernas quemen, sólo para sentir el viento de la libertad. Lanzar un grito al vacío, al silencio, en lo espeso de la noche para pedirle más fuerzas a los no pudieron llegar, que es por ellos que yo sigo.
El miedo está en la mente, el límite en el que va adelante. Y si realmente no podés más, no te bajes nunca por favor, poné el piñón más grande y seguí
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