miércoles, 18 de enero de 2012

Días normales


Cuando no hay nada que hacer, cuando te sambullís al asfalto de pechito aterrizando en tus manos (Cuando caés de espalda o de costado, es peor, pero no importa). Ese segundo antes de cabezear el cordón de la avenida. Cuando clavás los frenos a fondo, y sabés que no llegás. Cuando no hay nada que hacer, le dejás todo a la suerte. Sólo ahi, en ese instante, sólo ahí me siento pleno, extasiarme despierto, locura, o como lo quieran llamar... Me encanta caerme, porque así, sólo así me puedo levantar y eso me hace sentir un poco mejor... Levantarse victorioso, con una sonrisa pero con raspones por todos lados, un corte chico en la frente, y alguna pierna hecha pedazos que no puedo apoyar tan bien como antes. Pero me levanté, hey!. "¿Estas bien pibe? disculpá frene de golpe, no te vi." me dice el tipo de bigotes del auto blanco al que le acabo de abollar el baúl, "No me hice nada por suerte, mis sueños siguen intactos..." le contesto sonriendo, agarro los pedazos de mi bici, y me voy caminado despacito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Copate, y deja tu opinión vieja.